lunes, 16 de noviembre de 2009

UNOS VANS
Seth Alvarez. (2007)


¡He perdido mis tenis!

I.
¡Puta madre! Las diez en punto. Pinche reloj biológico de mierda, la bebida le ha dado en toda la madre. Empiezo a sudar. No creo que sea la cruda, eso sucede cerca de las cinco de la tarde. Son los pinches tenis, eso es, ese es el motivo.
Me recuesto en la banca, el puto sol me envuelve, me aprieta, me quema.
Sed, tengo mucha sed, y si no encuentro estos pinches tenis, seguro no podré calmarla.
Mi boca está seca: maldita resaca, ha llegado muy temprano.Sudo. sudo mucho. Mi ropa, mis cabellos, mis manos, apestan a cigarro y alcohol barato. pinche fiesta madreada. Cooperación: ciento cincuenta pesos. Tenía que asistir a fuerzas. Bussines de los que no puedes rechazar.

A.
La casa del Rolando, de las del infonavit; toda amarilla. Adentro, algunas viejas de la escuela y los mismos pendejos de siempre. La bebida: Una olla grande, jugo de naranja tropicana y algunos litros de tonallan, para dizque empedar a las viejas; al final todos se pondrán tan estúpidos que se quedarán dormidos.

II.¡Los tenis,! ¡los tenis!. Me grita mi sentido común. No lo escucho o trato de no hacerlo. Me duele la pinche cabeza. ¿Que más hice? Amnesia de no te hagas pendejo.
B.
El Rola: buen tipo, buena ropa, pelo grasiento. Escucha regetton, música madreada. Se ha jalado tres rayas desde mi llegada; yo rechazo la invitación, me gusta estar despabilado cuando hago negocios.
Con esto sobreviviré unas semanas. Le compraré un celular a Paloma. Siempre le hablo a media noche, el timbre suena por un rato, ella dice que no escucha el teléfono. Ahora no tendrá excusas.
Nos interrumpe Tailandia. The little easy. Coeficiente intelectual dudoso, buen trasero. Se siente aburrida, también odia el reggeton y pone algo de Soda Stereo. baila por la habitación. Saca un cigarro; de salva, como dice el Rola.
III.
La gente me mira al pasar, pinche mariguano, murmuran. También he perdido los cigarros. Tiro el encendedor al pasto. Me seco el sudor con la camisa. Tai me ha vomitado. Se metió tanta madre y bailo tanto, que ese fue el resultado.

C.
Tai esta tirada en el piso, trato de ayudarla, me ha manchado toda la ropa. -Una sobredosis- pienso.
El Rola se caga de la risa.
– Siempre pasa lo mismo. –
El Pinzas se asoma. Cara de Urraca, pelos parados, pinche oportunista.
– se acabo el pisto, una coperacha,  ¿no? –balbucea.
El Rola hace una seña para que se retire. El Pinzas no deja de mirar la mesa. Su rostro se ilumina. El Rola lo ahuyenta. El Pinzas cierra la puerta.
-Pinches adictos –murmura el Rola.
-Pinches adictos –repito.
Se hizo el negocio, cinco mil varos. Poca lana para lo que le voy a sacar. Luego se los devuelvo a la jefa, con intereses. El negocio de mi vida. Me siento grande, tipo el Padrino. “Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar” recito con acento italiano. El pendejo no entiende, no le gusta el cine. Puras peliculas de Mario Almada en Televisión de paga. Salgo del cuartucho. Me lavo el vomito en el baño. No se quita esta madre pero al menos no huele tan feo.
La fiesta continua. Llegan con más alcohol. ¡Hay que celebrar! Doce cubas, cuarenta y dos cigarros. Me siento feliz. Una vieja rola de The Cure hace que me prenda más. Quiero “motita” como en los tiempos de la secundaria. Pictures of you, ¿hace cuanto de esa rola? Neta, me estimula.
Negocios en el baño. Solo quería un gallito. El Pinzas me ofrece quince mil bolas. Puros billetes de a mil nuevecitos, parecidos a los de veinte. No me puedo negar. Quizás le compre un i-phone a paloma. ¡Trato hecho! Recibo la lana más un disco pirata de Los invasores de Nuevo León. ¡Toda una ganga!.

IV.
¡Puta! ¿Dónde los dejé? ¿Dónde los dejé? ¡Un puto cigarro! ¡Un puto cigarro!

D.
Bailo, danzo y zapateo. Tailandia ya se ha recuperado. Se besa con el Pinzas. ¿Que no era la vieja del Rola? Me vale Wilson. Se ha acabado el pisto de nuevo. Yo tomo de las sobras; !Que no se desperdicie nada! El Disc Joker se ha quedado dormido, Chente le grita en las bocinas.
Me meto al baño; azulejos blancos con pincelazos de moho. Me echo agua en la cara. Una pareja me escolta. Otro churro más: “clávate en la textura”. Todo sigue borroso. Susurros estallan en mi cerebro. -Es mucha lana, guárdatela en los tenis, es más seguro -sugiere el Pinzas. Agradezco el gesto. Tailandia ríe estúpidamente. Meto la lana en mis tenis, unos Vans cafés, talla once americano, manchados de vómito. Continúo la fiesta...

...Y es lo último que recuerdo junto con una vieja rola de los Smiths. Me tiro hacia atrás en la banca, pongo las manos en mi frente y empiezo a pensar en otro bussine.











El Correo de Manzanillo