jueves, 26 de junio de 2014

Los signos vitales de Vanessa Téllez.

Seth Alvarez.
Con motivo de la presentación de la novela Signos Vitales en Manzanillo, tuvimos una entrevista con Vanessa Téllez, una joven escritora originaria de Acapulco, Guerrero y afianzada actualmente en la ciudad de México. Vanessa ha sido reportera en los periódicos Novedades Acapulco, El Sur y La Jornada Guerrero y trabajó en Radio y Televisión. Actualmente es miembro del comité organizador del Encuentro de Jóvenes Escritores “Acapulco barco de libros”.
Vanessa, platícame un poco, como y cuando empezaste en la escritura
Creo que todo comenzó visualmente. Primero fue la televisión y algunos programas unitarios que veía de niña, luego, me entusiasmó el cine, la manera en que se contaban las historias. Me gustó el material que leía sobre cine en revistas especializadas. Cómo abordaban una historia desde diversos formatos; fotografía, escenografía, narración, etcétera. Una tarde simplemente comencé a escribir, fue por así decirlo, muy natural. Estaba escribiendo mi primer cuento a los 18 y fluía con asombrosa rapidez.
¿Te acuerdas cual era?
El cuento trataba sobre mis días de preparatoriana y cómo veía el mundo a los 18 o 17. La injerencia de la iglesia en la educación y los códigos de amistad entre chicas de la misma edad.
¿Y qué te dijeron en tu casa, cuando decidiste ser escritora?
Mi madre es maestra en lengua y literatura, así que los libros siempre estuvieron en casa, aunque ello no era del todo una puerta abierta para tomar la decisión. No es que no estuviera de acuerdo, pero antes de interesarme en escribir, había mostrado más interés en el diseño que la escritura.
¿Esa es tu otra profesión, verdad?
Sí, el diseño de modas.
¿Pero qué disfrutas más el diseño o las letras?
Bueno, son dos fórmulas distintas por así decirlo. En el diseño se trata de proporciones y en la escritura también, sin embargo creo que los lenguajes varían, el desarrollo es distinto. A veces me siento más ágil o arriesgada en el diseño que en la escritura y viceversa. Al mismo tiempo creo que ambos demandan belleza, equilibrio, construcción, se trata de vestir intenciones y hacer que el terminado sea perfecto.
En cuanto a la escritura que es lo que prefieres, ¿Cuento, Poesía, Novela?
Siempre he sentido una atracción poderosa con la novela, me gusta la disciplina y el tiempo que demandan. No perder el hilo conductor desde el principio, saber qué movimientos quieres y repensar cómo vas a llegar a ellos. Pero el cuento y la poesía han abonado el campo, me han empujado a encontrar el tono y la prosa que busco. Aunque es una retroalimentación continua y constante y creo que se deben trabajar, elegiría la novela.
¿Y cuál es tu proceso creativo?
Bueno, cuando no escribo trato de leer  y continuar mis búsquedas, afincarme en nuevos estilos, ver en qué van los libros. Cuando escribo, particularmente una novela, no me gusta abandonarla aun cuando no esté logrando lo que quiero. Es decir, trato de escribir casi todos los días, claro que hay días buenos y días donde salen muy malas cuartillas. Pero por lo general me gusta trabajar por la tarde noche. Aunque por la mañana muy temprano también.
¿Tu formación es autodidacta o estudiaste en alguna escuela?
Autodidacta. Ya tenía varias novelas, antes de tomar el primer taller de novela. Supongo que escribí sabiendo que todo eso quedaría guardado. Aun así no hay mejor taller que ese, escribir y leer.
¿Qué escritores te han influido?
La primera novela que leí fue el Zarco. Luego vinieron algunas novelas de Angeles Mastretta, Jaime Bayly, Cristina Rivera Garza, Julio Cortázar, Paul Auster , Amelie Nothomb y Virginia Woolf. He llegado a novelas muy distintas que no obstante parecen tener puntos en común.
¿Cuál es la última novela que leíste y que recomiendes?
Ay. Me gustó muchísimo El jardín del edén de Ernest Hemigway. Una novela que demoró años en escribir y que mientras la hacía, escribía otras más. Pero su simpleza y continuidad son asombrosas. Los personajes son como círculos que ruedan sobre su propio epicentro. Me gusta la familiaridad  y la brevedad de la historia. También terminé de releer Un cuarto propio de Virginia Woolf, que me parece un libro extraordinario, vigente y que ensayísticamente ofrece muchós temas.
Hace unos momentos comentaste tu gusto por el cine ¿qué novela te gustaría ver en pantalla?
Los disparos del cazador de Rafael Chirbes. Un cuento de Mónica Lavin llamado La cintura equivocada, Yo etcétera de Susan Sontag, Una desolación de Yasmina Reza. Creo que me entusiasma más la idea de verlas convertidas en obras de teatro. Me gusta el rigor del teatro.
¿Entonces en cine, que te gusta?
Las mismas. Pero me gustaría ver en el cine, la correspondencia que sostuvieron Anais Nin y Henry Miller durante años.
¿Ves cine mexicano?
Sí lo veo.
¿Cómo lo ves, que le falta, que le sobra?
Creo que le sobra pretensión. Quizá es sólo mi percepción pero, a ratos es casi inaudible el sonido. Hay a ratos mesura en jugar con ciertos tonos o atmósferas y por ende caemos en el cliché. Sucede con los libros, no es exclusivo del cine. No sé qué falta, tampoco lo sabría en la literatura, pero sé que expropiar áreas nuevas es el germen para entender otro lenguaje en la misma disciplina.
¿Volviendo a la literatura, que me dices de Signos Vitales?
La novela SV se convirtió en mi laboratorio personal. Fue también un desahogo y el mejor pretexto para escribir en DF. Me conmueve los lugares que ha tocado y lo que ahora, al pasar casi 2 años desde que la escribí ha sucedido conmigo. Me he enfrentado a mí misma y al dialogo interno y he llegado a la conclusión de que se escribe lo que se puede, lo que se quiere y lo que se tiene en el momento. La escritura es músculo que al ejercitarse se pone mejor. Lo deseo.
¿Hay mucho de ti en esa novela?
Hay mucho de mí en todos mis textos. Es como veo el mundo, cómo lo siento en ese tiempo y espacio en que surge y puede o no gustarme lo que lea al paso del tiempo, pero la escritura responde al tiempo en que es escrita por quien la escribe. Así que siempre sucederá así. Sí lo hay.
¿Cómo te definirías?
Creo que sumamente emotiva, a veces cínica, me gusta probarlo todo, aunque con el tiempo no lo era, he aprendido a tomar decisiones y no retractarme de lo que digo. Así que supongo que al hacerme mayor, lo que he evitado ser, al final sólo se consuma.
¿A dónde te gustaría llegar?
Me gustaría seguir escribiendo. Maravillarme por libros que lea, entusiasmarme por el mundo y llevar ese asombro textualizado a la pantalla. Tampoco quisiera quedarme sólo en el papel, me gustaría explorar otras áreas, jugar con el pedazo de mundo que ahora toco.
¿Alguna novela en puerta?
Estoy armando cuentos, me ha motivado mucho lo que he leído y las conversaciones con gente que también escribe. Quiero atender estas pulsiones y quedarme con le cuento porque ahora creo que esa es la voluntad de mi cuerpo. La novela sigue ahí, aunque de momento sea otro su cuerpo, me gusta mucho el cine y las historias que se cuentan en otros formatos visuales.
¿Quizás el guion?
Quizás. Algo hay de eso.
Y por último, ¿Qué te pareció Manzanillo?
Me gustó muchísimo, hay rasgos del sur que no se pueden ignorar. De entrada la cercanía geográfica con Acapulco. La presencia del mar que aparece como un golpe, es poderosa. Los que vivimos cerca del mar ya no nos asombramos por esta colonización marina, pero verla así, como irrumpiendo en la tierra, es casi un milagro, y no tiene que ver con la religión, sino con la significación del suceso como tal.

Muchísimas gracias Vanessa Téllez, te esperamos nuevamente en Manzanillo.

Diario El Noticiero  22 de junio 2014.

viernes, 20 de junio de 2014

Las Telenovelas: Un lacrimógeno suceso.

Seth_alvarez

La telenovela nació en cuba, en una fábrica de tabacos, con una obvia influencia del folletín del s. XIX de las novelas por entregas. En 1865 apareció el “Lector de Tabacalera”, un trabajador que desde una plataforma, amenizaba la jornada laboral leyendo periódicos y novelas, terminando siempre la lectura en su punto más álgido y dejando a los oyentes a la expectativa del día siguiente. Del lector de tabacalera se pasó a la radio y ahí a la televisión. En 1955 apareció la primera telenovela televisada en México llamada “Ángeles de la calle” escrita por el cubano Félix B. Caignet, que salió al aire por el canal 2 y duró 160 capítulos. Muchos investigadores ubican a la telenovela como una variante del género del melodrama; género nacido en Francia para determinar cierta forma teatral que daba preferencia a las emociones.
Las telenovelas gozan de gran popularidad en toda América Latina y en países como Portugal, España, Italia, Grecia, Europa del Este, Asia Central, el Cáucaso, Turquía, China, Filipinas, Indonesia, Israel, Eslovenia y también en África, especialmente en la ex-colonia española de Guinea Ecuatorial.
De acuerdo con un reportaje de la Unesco, en Costa de Marfil muchas mezquitas adelantaron sus horarios de oraciones durante 1999 para permitir a los televidentes disfrutar de la telenovela Marimar, escrita por Inés Rodena y adaptada por Carlos Romero y en una población al sur de Serbia, los televidentes solicitaron a su gobierno que se retiraran los cargos contra Kassandra, heroína de la telenovela venezolana del mismo nombre. Kassandra, escrita por Delia Fiallo, tiene el premio Mundial de Guinness por ser la más vista en más países (128).
Una telenovela es una historia dramática que se cuenta por entregas en un número limitado de episodios. A grandes rasgos la telenovela se divide en tres etapas: introducción de personajes y conflicto, desarrollo de personajes secundarios y temas centrales, y por último, el cierre de las subtramas y el desenlace de la historia de amor. Para escribir una, se construye un esquema llamado “Biblia” que es un documento en el que están todos los rasgos principales de la telenovela. En ella se encuentra la sinopsis, el argumento, la biografía de personajes, los primero capítulos y en ocasiones la llamada macroescaleta. Estos documentos de alrededor de 100 páginas, son enviados a los departamentos de análisis literario de las televisoras para su posible producción y realización. Escribir una telenovela no es tarea fácil, la mayoría de las veces se utiliza la estructura clásica, con algunas reglas propias del género; durante el proyecto se escriben lo equivalente a más o menos 60 guiones de cine de 90 minutos y en muchas ocasiones la calidad, factura, contenido y resultado final del producto, no depende siempre de los escritores.  Las telenovelas actualmente siguen siendo de suma importancia en casi todo el mundo y aunque aún falta mucho por hacer, en algunos lugares, poco a poco se ha ido modificando su formato y presentación, mostrando una nueva revolución argumental, incorporando temas nuevos y atractivos, sin perder, claro, su esencia dramática.
 Bibliografía
-Carolina Espada. La Telenovela en Venezuela.
-José Ignacio Valenzuela. Taller de escritura de Telenovela.
-Wikipedia.


El Correo de Manzanillo