lunes, 8 de diciembre de 2014

Reunión Familiar

Seth Alvarez.

-¿Te dan miedo los muertos? –preguntó el hombre, mientras el cementerio se hacía cada vez más oscuro.
               -Mejor deberíamos regresar, es algo tarde. –contestó el  muchacho con algo de miedo.
               -No, no. Dime ¿Qué te dijo tu madre?
               -Papá, ya olvídalo, fue solo un sueño. Bueno, una pesadilla.
               El hombre siguió su camino meneando la cabeza de un lado a otro.  -No lo creo. Ella dijo que haría cualquier cosa por comunicarse conmigo.
               -Basta, Papá. No debí decirte nada.
   El muchacho se detuvo y dejó que su padre se adelantara algunos pasos. El hombre dejó de caminar y dio media vuelta. 
   -¿Tenía sangre?
   -¡Basta!  He dicho que basta.
   El hombre parecía que no lo escuchaba. -Sólo dime qué te dijo.
               El muchacho notó algo de locura en sus ojos, bajó la mirada y comenzó a caminar.
          -Dijo que quería verte. -El hombre sonrió y se encaminó junto a él. -Llevaba ese vestido blanco, el que le puso la tía Alejandra. Todo parecía normal, sólo me incomodaron sus ojos. No tenía ojos.
El muchacho volteó a ver a su padre, pero este no le prestaba atención. El hombre  miraba las tumbas que se encontraban a su paso, contándolas entre murmullos. Se notaba excitado. De pronto se detuvo y tomó al chico del brazo.
 -¿Crees que me haya perdonado?
               El muchacho, pensativo, jaló su brazo para soltarse y continuar su camino.
               -No lo sé, Papá. -musitó.
               El hombre comenzó a caminar.
              -Vuelve a contarme todo con detalle. No te olvides de nada.
              -Basta, Papá.
            El hombre volteó, detuvo de nuevo al muchacho y lo miró fijamente. -¿Y recuerdas en qué postura se encontraba tu madre?
              El muchacho abrió los ojos y con una voz un tanto desquebrajada, apuntó a una esquina.
              -Así, como ahorita.
             El hombre dio la vuelta y descubrió una mujer que esperaba sentada en la tumba.  Llevaba un vestido blanco y le faltaban los globos oculares; entonces, el hombre emitió un ligero quejido y cayó fulminado al piso.

El Noticiero 30 de noviembre 2014

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